Saturday, September 12, 2009

Partiendo de la estación

Los caminos que andamos comienzan en el hogar. De bebés, nos sacan solo a visitar a los abuelos; cuando chicos un poco más lejos para ir a la escuela. Así, a medida que crecemos, los viajes se hacen más en cantidad, y también en distancia.

Hoy tomas el valiente paso de alejarte de tu hogar más de lo que jamás pensaste; por más tiempo de lo que tú -y muchos otros tampoco- se habían atrevido. Te esperan nuevas aventuras, amigos, experiencias que vivir, y el miedo puede inundarte. ¿Qué tal si te descarrilas? ¿Qué tal si te encuentras sola, y no tienes a quién recurrir? Y las personas que dejas atrás, ¿te olvidarán? ¿Estarán aquí cuando vuelvas? Más de una vez he escuchado éstas preocupaciones salir de tus labios, y no he sabido qué decirte. ¿Y qué voy a decir yo, que lloré toda una semana porque me iba mes y medio a Portugal?

Pues hoy tengo una respuesta para ti. Fani, todos los que estamos aquí, los que te conocemos hace años -e incluso los que no hace tanto- sabemos que eres una chica motivada, enfocada y emprendedora. Cuando te entra una idea en la cabeza, no hay alma en la tierra que te haga cambiar de opinión. Pero lo más especial de ti es que eres -con todo el mundo- noble, atenta y dedicada. Tu familia y tus verdaderas amistades son lo más importante para tí. Eres amorosa, y siempre dispuesta a dar una mano, sin importar a quién sea. Y aunque a veces te tenemos que esconder las cosas para que no nos regañes cómo si fueras nuestra madre (como cuando Berti y yo cortamos clases, o otras cosas menos apropiadas que después conspiramos para no decirte), sabemos que lo haces con todo el amor del mundo. Es por esa forma de ser que sabemos que a donde quiera que vayas tendrás éxito, y encontraras nuevos amigos y compañeros de aventuras -obvio no tan buenos como nosotros- en los que podrás contar. Es por eso que estamos todos aquí para desearte lo mejor en este viaje, y dejarte saber que no hay rincón en el mundo donde te puedas meter para esconderte de nosotros; que tu amistad vale tanto que aquí te esperaremos con los brazos abiertos para cuando decidas volver, y los que no estemos porque la vida nos trajo un camino diferente, nos iremos con una parte de ti en nuestro corazón a donde sea que vayamos.

Los caminos que andamos comienzan en el hogar. Cual si fuera una estación de tren, las vías nos alejan por horas, días, semanas, meses y hasta años. Pero al final de la jornada, al final del viaje, una vez alcanzados los sueños, los deseos, los caprichos o las tareas, siempre regresamos a nuestra estación, donde nos esperan con brazos abiertos para reconfortarnos, alentarnos, descansarnos. Y así regresarás tú cuando estés lista, así que parte sin miedo y alcanza tus sueños, que nosotros acá nos sentiremos orgullosos y, desde lejos, te aplaudiremos.

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