Monday, November 16, 2009

El clavo de Unamuno

Soy la mayor de cuatro hermanas, y mientras las primeras dos tuvimos la dicha de pasar la prueba de admisión de unas de las pocas escuelas públicas que lo requieren (de esas donde tienes 2 opciones: pasas el examen, o consigues una pala de esas con las que se cava hasta China) las dos menores, por varias situaciones, no tuvieron la misma suerte. Aunque el interés por la lectura que heredé de mi madre saltó a la del medio, mi hermana menor obtuvo genes más parecidos a los míos. Es una joven brillante, y entre nuestros intereses está la literatura. Para recompensar el hecho de que en la escuela no le dan material para leer, siempre me ha gustado alimentar su curiosidad con libros que leo, le paso y luego discutimos. Es por este potencial que hay en ella, y en muchos otros estudiantes de escuela superior pública que me emojo cada vez que Jali llega a casa frustrada porque la escuela no la reta. En su cuarto año, en vez de algebra, le dan fracciones en matemáticas, y las tareas de ingles no consisten en reportes de libros, sino en crucigramas.

Hay cinco grupos del grado 12 en la escuela de Jailene, que organizan a los estudiantes de acuerdo a su desempeño en años anteriores. Esta división se hace con el propósito de identificar las necesidades de cada grupo para poder mantener a los más adelantados en un paso rápido, pero no dejar atrás a los que no entienden tan deprisa. Sin embargo, a todos se les da el mismo material. Pero claro, es más fácil para el profe preparar una sola lección para todos los grupos, que pasar el trabajo de hacer una para cada uno basándose en el nivel de aprovechamiento de los estudiantes. Esto no solo fomenta la mediocridad en aquellos a quienes se les está dando la A en bandeja de plata, sino que quita el interés y frustra a los que les gustaría sacar algo de tener que levantarse todos los días a ir a la escuela.

En otro día aburrido en la clase de español, mientras esperaba el usual ejercicio de preguntas en el cual la propia maestra leía las contestaciones, Jali se sorprendió cuando la Sra. Rosado les asignó un informe oral. Los estudiantes se dividirían en pares, se les asignaría un tema y éstos debían preparar una presentación audiovisual para la clase. Contenta de tener una asignación que no parecía de primer grado, mi hermana, a quien le tocó de tema la vida y obra de Miguel De Unamuno, buscó información y preparó su presentación en “Power Point”. Once “slides” para ser exacta: no muy larga para no aburrir, pero lo suficiente para cumplir con las especificaciones de la profesora, y añadir algunas citas brillantes del escritor, como “El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura”.

El día de su informe, Jali llegó al salón con las usuales mariposas en el estomago, pero no estaba preocupada. Al fin tendría algo que añadir a las conversaciones de sus hermanas sobre odiseas en el salón de clases. Llegó su turno. “Miguel De Unamuno…” y comenzó el informe.

Después de breves datos sobre el autor se escuchó una canción de Ednita, seguida inmediatamente por la chillona voz de la profe: “¿Hello?” Mientras Jali hablaba sobre las obras de Miguel, la Sra. Rosado desarrollaba una larga conversación (a todo volumen) sobre por qué no asistiría al “baby shower” de cierta fulana, y con mucha justificación. Los berrinches de una embarazada siempre necesitan ser discutidos a la brevedad posible, y siempre tienen más prioridad que un simple informe. Los estudiantes, como es usual cuando un maestro no está pendiente, le estaban prestando a Jali la misma atención que la Sra. Rosado.

Sexto “slide” y la profe cuelga. “¡Silencio! Vamos a respetar a Jailene”. Casi muerta de la risa por la paradoja que representaba ese comentario, Jali continuó su informe. No había llegado al “slide” siete cuando un viejo amigo de la profe entró al salón, y ésta comenzó a hablar con él, lo más seguro del “baby shower”. El resto de la clase, probablemente porque al no estar acostumbrado a este tipo de ejercicios no sabían que se suponía que escucharan, comenzaron a hablar de nuevo. Jali, ya que nadie le estaba prestando atención –y molesta por el trabajo que pasó para nada– terminó el párrafo que estaba leyendo, saltó al último “slide” y se sentó. La Sra. Rosado, al darse cuenta de que el informe había acabado, terminó su conversación y llamó al próximo grupo a que pasara al frente, no sin antes especificarle a la clase que no hicieran los informes tan largos (porque de seguro ya no la visitaría más nadie, ni esperaba más llamadas y no tendría en que entretenerse mientras ellos hablaban). Al salir de la clase y recibir su nota, mi hermana se indignó al ver un “82B” en su hoja de evaluación. La profe le especificó que perdió puntos por claridad de voz y proyección, y es que a la pobre Jali se le olvidó que perdería puntos por no hablar lo suficientemente alto para que la profe la escuchara por encima de la conversación del celular.

Nos quejamos de que los jóvenes provenientes de escuela superior están “algarete”. Pierden su tiempo en “la fiebre” y cortando clases. Nos sorprendemos de que cada vez los asesinatos entre jóvenes menores de 21 años son más frecuentes. ¿Pero que opciones les estamos dando realmente? Van a clases por salir del paso, ya que sus profesores les demuestran la misma actitud: te doy clases porque no tengo más remedio; no te doy tarea porque sé que no la vas a hacer. De estos estudiantes, son pocos los que siguen estudios sub-graduados, y muchos de los que sí, entran a colegios universitarios que no exigen tomar la prueba del “College Board” y donde pueden terminar de estudiar en dos años. Aún así, la mayoría no termina ni un grado asociado. ¿Y cómo van a hacerlo, si nunca se les preparó para ello?

Al entrar a la universidad, los estudiantes de San Ignacio o María Reina estaban acostumbrados a fechas de entrega estrictas y a múltiples trabajos; a informes orales y ensayos. Pero los de la escuela pública Gabriela Mistral o Vilá Mayo, aunque tal vez con el mismo potencial, llegaron a la clase de humanidades, no sabían hacer un escrito coherente o un informe oral y sacaron mala nota. Se frustraron y se dieron de baja. Entonces la universidad “del pueblo” está llena de estudiantes cuyos padres pudieron sacrificarse para pagar un colegio privado y asegurarse de su preparación.

No estoy diciendo que esto esté escrito en piedra, pero sí en una superficie bastante dura. En mis años de escuela superior, la cual como dije anteriormente era pública, pude contar con maestros dedicados, estimulantes y retantes. Aunque en ese momento los vi un poco majaderos, la verdad es que –con su insistencia y constantes trabajos de lectura y análisis– cultivaron mi potencial y me llevaron a descubrir, alcanzar y sobrepasar mis propios límites. En mi opinión, el deber del Departamento de Educación es asegurarse que tales profesores estén al alcance de todos, de manera que la educación de nuestro país pueda ser un derecho, y no algo que sólo pueden obtener los que puedan pagar por ella. Aunque con la agenda de censura y otras cosas mejores que tiene el Departamento para hacer, dudo que esto pase en algún tiempo cercano. En cuanto a Jailene, sé que será de esas excepciones a la regla; que seguirá dando en la herradura, y aunque le tome mucho más de cien veces, acertará en el clavo.

Wednesday, October 14, 2009

Dosis de lectura: ¡urgente, por favor!

En un sábado aburrido, de esos que –por los constantes sucesos atroces en nuestro país durante toda la semana– nada me sorprende, una buena amiga supo exactamente que decirme para que una vez más la ignorancia de las personas me tomara desprevenida por la espalda y me gritara ‘¡te picó el juey!’. Hablaba ella con unos compañeros de trabajo cuando por alguna razón menciono la Segunda guerra mundial, y el Holocausto. Inmediatamente uno de los compañeros le dijo las palabras culpables del inesperado asalto a mis glúteos: “¿Qué es eso?”

Sí, puedes leer otra vez y no te equivocas. El chico, y otros tres más, no sabían lo que era el Holocausto. Después de un desmayo que la dejó varios minutos inconsciente por el exceso de ignorancia, mi amiga les explicó de la manera más breve y simple posible sobre Hitler y su plan de exterminar a los judíos, por considerarlos la razón de todos los males. Los cuatro individuos, sorprendidos, aceptaron nunca haber escuchado acerca de semejante suceso. Sin embargo, aceptaron haber escuchado el nombre ‘Hitler’ en un aparentemente famoso video en “YouTube”, donde el líder nazi reacciona ante los 16,970 despidos de Fortuño.


No es que quiera sonar creída, pero es que tengo un pequeño defecto. Al asociarme con personas que, al igual que a mí, les gusta conocer y aprender, muchas veces creo que cosas que sabemos, cosas sencillas como qué es una hipérbole o quién es Ghandi, son conocimiento general en nuestro país, cuando en realidad no lo son. La excusa de los compañeros de mi amiga era que ellos no habían tenido la misma oportunidad a la educación que ella, a lo que me atrevo a refutar. Si bien es cierto que por distintas razones no todos podemos hacer o terminar estudios universitarios, esto no justifica la ignorancia o el desconocimiento. Estos dos males, abundantes en nuestra isla, tienen un remedio sencillo e infalible, y que no necesariamente tiene que ser recetado por un profesor: la lectura. Periódicos; libros prestados, comprados o robados; no importa. Leer es conocimiento, y el conocimiento fomenta el pensamiento crítico. ¿Por qué creen que el gobierno está lleno de gente tan brillante? ¿O acaso creen que si Jennifer González leyera algo más que el menú de ‘Wendy’s’ no sabría que el mar Caribe está al sur de la isla y no frente al Capitolio? ¿Y qué tal Juan J. Rodríguez? Después de censurar grandes obras como “Aura” de Carlos Fuentes, y “El entierro de Cortijo” de Edgardo Rodríguez Juliá, aceptó que no había leído ninguna.

Entonces los que levantamos la voz en son de protesta somos tildados de terroristas, y los que se quedan callados, ¿adivinen quienes son? Exacto. Esos que en vez de levantar el periódico y dedicarse a averiguar lo que sucede en el país y en el mundo, se dedican a criticar a la población pensante y a leer TVGuía o “Cosmopolitan”. Todos esos que fueron a ver a Tom Cruise en Valkyrie, pero que no se dedicaron, aunque fuera por pura curiosidad, a buscar el trasfondo histórico de la película. Los mismos que prefieren aprender los nombres y apellidos de cantantes de reggaetón, que de líderes mundiales (sin ofender a Raymond Ayala o a William Landrón, cuya música disfruto bastante).

Nuestro país necesita una seria y urgente dosis de lectura. Así cosas que deberían ser sentido común pueden comenzar a serlo; cosas como que la ubicación de Panamá es América Central, y que el Gobierno trabaja para nosotros y no al revés. Así acabarían las sorpresas del juey de la ignorancia, y éste me dejaría de picar en cada esquina del país. Así podría disfrutar de un buen café en “Sweet Ann Cakes” sin miedo a los desmayos. ¿Verdad, Almairy?

La maldición de la mujer (sobre)educada

Después de otra decepción de parte de un miembro del sexo masculino, me senté a hablar con una amiga –conducta usual de las mujeres en estos casos– sobre porqué los hombres me veían como a una amiga; cómo siempre soy la chica que necesitan, pero no la que quieren tener. Mi amiga, a la que llamaré Ann Julie para proteger su identidad, me respondió: “Ay nena, lo que pasa es que en Puerto Rico, los hombres son unos machistas. Ven a una muchacha inteligente e independiente y prefieren salir con una jibarita que no sepa leer”. Esas palabras me pusieron a pensar, y me parece que puedo acreditar un 75% de mis fracasos amorosos a la intimidación: “Creo que eres bonita, pero muy obstinada” “Hablas cosas interesantes, pero demasiado”. Estas citas son reales, y al pié de la letra.


Luego de una larga reflexión, Ann Julie y yo llegamos a la conclusión de que sufrimos la terrible maldición de la mujer (sobre)educada. Sí, esta es una enfermedad altamente contagiosa que se puede adquirir a temprana edad y que casi siempre es causada por la lectura y el deseo de aprender. Luego de ser infectada, usualmente en la niñez o temprana adolescencia, la maldición se apodera lentamente de la joven. En la luna llena después de la graduación de escuela superior (o bachillerato si la infección fue a una edad más avanzada) el cambio es permanente. Esto produce mujeres brillantes, inteligentes, con opiniones y metas propias, y que no tienen miedo de contestar o expresarle nada a nadie. Este comportamiento suele ser constante, o sea, una vez comienza, no de detendrá.


Así nos ven los chicos después de la transformación...

Obviamente semejante criatura no puede ser alentada, ya que infectará a otras, o producirá crías igualmente pensantes. Es aquí donde entra la sociedad al rescate. Con frases como “esas son cosas de niñas” o “¿te vas a dejar ganar de una nena?” instruyen al niño y futuro hombre a rechazar estas mujeres por miedo a que los superen. Esto no tiene que ver nada con el nivel de inteligencia del chico: lo sufren los que son inteligentes y los que no tanto. Simplemente no pueden tener a su lado –sea por baja autoestima o alguna otra razón– a una persona igual de pensante que ellos, y ni se diga si es exitosa.

En una ocasión escuche a un joven decir: “La verdad es que al principio me gustabas, pero cuando te dije que no podía salir porque esa semana tenía bajo presupuesto, y me invitaste al cine porque tu pagabas, me sentí inútil y perdí el interés”. Me gustaría que alguno de los hombres que lean esto me expliquen que exactamente quiso decir él, porque al sol de hoy no lo entiendo. Ambos éramos estudiantes y trabajábamos, pero aún así era obvio que lo que él esperaba era una chica que dependiera de él.

Es por eso que no puedo evitar pensar que en vez de una mujer sobresaliente, inteligente, independiente y confiada en quien puedan contar, los hombres siempre preferirán –en su mayoría, para que no paguen justos por pecadores– a la ignorante rubia o pelirroja que se ría de todos sus chistes y dependa de él para tener estabilidad mental y emocional (sin ofender a pelirrojas excepcionales como Margaret Sanger y Emily Dickinson, y a rubias inteligentes como.... um... como...ejem)


Y mientras encuentro a uno de esos pocos valientes (que no duden que aún creo en su existencia, al igual que en la de ‘Santa Clause’) que no tema tener a una verdadera igual a su lado –una que no dependa de él, sino que elija estar con él– pues prefiero quedarme con mis compañeras maldecidas: mujeres con pensamiento crítico y propio, dependientes de nadie, de quienes me siento orgullosa de estar rodeada.

Saturday, September 12, 2009

Partiendo de la estación

Los caminos que andamos comienzan en el hogar. De bebés, nos sacan solo a visitar a los abuelos; cuando chicos un poco más lejos para ir a la escuela. Así, a medida que crecemos, los viajes se hacen más en cantidad, y también en distancia.

Hoy tomas el valiente paso de alejarte de tu hogar más de lo que jamás pensaste; por más tiempo de lo que tú -y muchos otros tampoco- se habían atrevido. Te esperan nuevas aventuras, amigos, experiencias que vivir, y el miedo puede inundarte. ¿Qué tal si te descarrilas? ¿Qué tal si te encuentras sola, y no tienes a quién recurrir? Y las personas que dejas atrás, ¿te olvidarán? ¿Estarán aquí cuando vuelvas? Más de una vez he escuchado éstas preocupaciones salir de tus labios, y no he sabido qué decirte. ¿Y qué voy a decir yo, que lloré toda una semana porque me iba mes y medio a Portugal?

Pues hoy tengo una respuesta para ti. Fani, todos los que estamos aquí, los que te conocemos hace años -e incluso los que no hace tanto- sabemos que eres una chica motivada, enfocada y emprendedora. Cuando te entra una idea en la cabeza, no hay alma en la tierra que te haga cambiar de opinión. Pero lo más especial de ti es que eres -con todo el mundo- noble, atenta y dedicada. Tu familia y tus verdaderas amistades son lo más importante para tí. Eres amorosa, y siempre dispuesta a dar una mano, sin importar a quién sea. Y aunque a veces te tenemos que esconder las cosas para que no nos regañes cómo si fueras nuestra madre (como cuando Berti y yo cortamos clases, o otras cosas menos apropiadas que después conspiramos para no decirte), sabemos que lo haces con todo el amor del mundo. Es por esa forma de ser que sabemos que a donde quiera que vayas tendrás éxito, y encontraras nuevos amigos y compañeros de aventuras -obvio no tan buenos como nosotros- en los que podrás contar. Es por eso que estamos todos aquí para desearte lo mejor en este viaje, y dejarte saber que no hay rincón en el mundo donde te puedas meter para esconderte de nosotros; que tu amistad vale tanto que aquí te esperaremos con los brazos abiertos para cuando decidas volver, y los que no estemos porque la vida nos trajo un camino diferente, nos iremos con una parte de ti en nuestro corazón a donde sea que vayamos.

Los caminos que andamos comienzan en el hogar. Cual si fuera una estación de tren, las vías nos alejan por horas, días, semanas, meses y hasta años. Pero al final de la jornada, al final del viaje, una vez alcanzados los sueños, los deseos, los caprichos o las tareas, siempre regresamos a nuestra estación, donde nos esperan con brazos abiertos para reconfortarnos, alentarnos, descansarnos. Y así regresarás tú cuando estés lista, así que parte sin miedo y alcanza tus sueños, que nosotros acá nos sentiremos orgullosos y, desde lejos, te aplaudiremos.

Tuesday, September 1, 2009

Sembrando en tierra ajena

-“Cuida’o que no lo vayas a romper… Dale la vuelta pa’ que le cortes las raíces y lo puedas sacar…”

Era la primera vez que visitaba a mi tía a Orlando, Florida, destino de miles de puertorriqueños que cada año dejan la isla en busca de mejores tierras, casas, empleos, carros, escuelas para sus hijos, etc. Frustrados con la situación del país, y no dispuestos a dormir en la cama que nosotros mismos hicimos, nos montamos en un avión con las pocas cosas que podemos (ya que ahora cobran de la 2da maleta en adelante) dejando los problemas para que otro los resuelva.
Mientras observo la lucha por sacar el ñame de la tierra sin que se rompa, pienso en la ironía del asunto. Ahí estaba yo, boricua que ha vivido en la isla toda su vida, contemplando la variante más curiosa de los puertorriqueños: los que se van. Dos especímenes para ser exacta, una ida de Puerto Rico hace más de 30 años y la otra hace apenas 3 o 4.

-“Mira nena” –me decía la de más tiempo fuera de la isla- “yo traje pa’ aca y sembré un roble amarillo, de esos que hay en la plaza donde pusieron la fuente nueva que hay en Viejo San Juan…. la de los delfines. (Se escucha mi voz confundida: “¿El Paseo de la Princesa?”) Ese mismo. Allá en San Juan nada luce, siempre está en construcción o remodelación o algo. Eso espanta el turismo. ¿A quién le va a dar ganas de ir pa allá? Mira qué bonita la finquita que tiene Cynthia. Tiene gandules, aguacates y acerolas. Casi todo lo que se dá en Puerto Rico se dá aquí”

Sin querer decirle a la señora que hace tiempo que esa fuente no era nueva y mientras –por pura cortesía- tragaba el enojo que me causa que hablen mal de mi país, especialmente si el que habla es un “compatriota”, no podía evitar reír por dentro ante semejante paradoja.

Los puertorriqueños le huimos a la labor manual como a la gripe porcina (perdón, AH1N1). Somos criados para pensar que los trabajos “buenos” son el de doctor y abogado. ¿Lo que comemos? Que lo importen. No importa si hay tierras fértiles aquí, nadie las quiere sembrar. El café se pudre en la montaña porque nadie lo quiere recoger. ¿Se rompió la tubería del baño? Llama a Don Hermes, inmigrante dominicano, que él con gusto te lo arregla mientras tú entras al Facebook. Entonces nos quejamos de que no hay trabajo, y nos vamos en busca de la utopía que se encuentra en los E.E.U.U., donde las flores huelen a Chanel y todo es mejor; ni la caca apesta. Llenamos nuestras casas de banderas de Puerto Rico, y nos sentimos orgullosos de Ricky en los Latin Grammys. Pero criticamos cuanta cosa se nos ocurre que pueda haber o suceder en la isla.

Y entonces nos empeñamos acá en sembrar en tierra ajena la finca que no quisimos cultivar en la patria; en sembrar el ñame que en Puerto Rico comprabamos en el supermercado, y en sacarlo de la raíz sin romperlo.

Saturday, August 8, 2009

Con una buena pala, cavamos hasta China

No podía creer que estuviese sucediendo. Después de pasar tremenda odisea hace como tres semanas (como se expone en el "post" anterior) en la oficina de desempleo para que me entrevistaran, aún no me habían pagado. Cuando llamé a la línea de Servicio al Cliente, (o como a mi me gusta llamarla, la línea de Llame y Espere a Ser Mal Atendido) el alegre representante me indicó que no me pagarían hasta que no acudiera a la entrevista. De más está decir que casi me lo como por el teléfono. Aún así, toda la conversación acabo en que tenía que ir de nuevo a repetir todo el proceso. Angustiada, le hice el cuento a mi tía, quien trabaja en una agencia de gobierno que no tiene nada que ver en esto y prefiero dejar en el anonimato. Ella me dio la receta secreta para bregar con el Gobierno de Puerto Rico: una pala. Ésta pala es de una variedad bien específica: no sirve para cavar un hoyo en el jardín, ni para mezclar cemento. Sirve para no hacer filas, para conseguir empleos decentes sin estar capacitados, y para que te atiendan de manera civilizada en agencias de gobierno. Claro está que todo depende del tipo de pala, ya que existen varios niveles en los cuales uno se puede relacionar con dicha herramienta.

El primero es ser hijo o nieto de la pala. A ésta persona la pala le puede conseguir toda clase de beneficios, desde el empleo antes mencionado, taquillas de conciertos, “delivery” de toda clase de productos y servicios a cuenta de otros empleados, y otras cosas tan insólitas que ni me atrevo a mencionarlas. El segundo nivel viene siendo ser sobrino, primo, o amigo íntimo de la pala. Ésta persona no recibe tantos beneficios como los de primer nivel, pero se puede conseguir su taquillita, y tal vez un trabajito si ya los nenes de la pala están empleados. Quedan entonces los niveles tres y cuatro, que componen hijos de amigos y amigos de amigos respectivamente. Éste era el tipo de pala que mi tía me había conseguido, la del nivel cuatro: la sobrina de la amiga de un amigo de la pala. Con una pala de este tipo lo más que se puede conseguir es no hacer una fila, pero considerando que aquí hay que llegar a las 5:30am a una oficina que abre a las 8:00am, pues no me quejé.

Aunque, por si las moscas, me preparé para perder mi día de nuevo allí, la visita fue totalmente diferente a la anterior. Al llegar a la oficina y preguntar por mi pala (no la de jardín) no tardaron ni diez minutos en encontrar la raíz de mi problema: la inepta empleada que me hizo la entrevista, en vez de ingresar mi información en el sistema como indica su descripción de trabajo, decidió ponerlo en un folder para hacerlo después, y luego lo olvidó. Ese simple pero importante detalle era lo que había atrasado mis pagos por casi un mes. Mi pala resolvió el asunto, pero aún así el daño estaba hecho: a pesar de que consiguió ingresar mi información y que me pagaran lo que tenía acumulado, dicho pago no llegaría hasta dentro de dos semanas. Casi un mes y medio sin ingreso a causa de la procrastinación de una empleada.

Pero en fin, doy un millón de gracias a mi pala, el Sr. Jorge Hernandez, por tratarme con tanta amabilidad sin conocerme; porque me ahorré la fila y me resolvió el asuntito con mucha rapidez. Y sobre todo, porque si así es como me tratan con pala, no quiero saber cuanto tiempo más de dos semanas hubiese tenido que esperar por mi dinero de no tenerla.

Friday, August 7, 2009

Fin de semana largo; o de la eficiencia del gobierno

21 de julio de 2009


“Está cerrado ya… y es mejor que venga temprano mañana porque despues no abrimos de nuevo hasta el martes”. ¡¿Hasta el martes?! Pero, ¿hoy no es martes? ¿O es que ya hasta eso se me olvidó, y realmente hoy es jueves? Traté en vano de recordar donde había perdido esos últimos días de la semana, cuando miré mi teléfono celular y me di cuenta que, en efecto, hoy era martes. Procedí a preguntarle a la eficiente señorita –que se gana su salario de Gobierno dando respuestas ambiguas desde su escritorio mientras habla por teléfono, en lo que yo trato de cobrar el seguro por desempleo- por qué la oficina estaría cerrada casi una semana, y su respuesta por poco hace que me desmaye:

“Porque el sábado es día de fiesta”.

No hay duda alguna que los días de fiesta de este país, además de más numerosos que en cualquier otro en el mundo, son para el Gobierno. A excepción de esos días como Navidad y Año Nuevo, todo funciona normalmente en días de fiesta: centros comerciales, oficinas privadas, supermercados, y hasta los bancos por medio día. El Gobierno, sin embargo, “descansa”. Claro, con todo el trabajo que estan haciendo, deben estar super cansados. Y libre Dios que ese día caiga sábado, porque ya que el Gobierno no trabaja los sábados, se toman el lunes para celebrar el día.

Así que este fin de semana para hacerlo especial, el Gobierno de Puerto Rico se toma unas mereciditas “vacaciones” desde el jueves 23 de julio hasta el martes 27, para celebrar el Día de la Constitución del E.L.A. Entonces nos quejamos de que hay que hacer fila desde las 5am en una oficina que abre a las 8 para poder salir antes del mediodía y que el gobierno no hace nada. ¿Pues que van a hacer con tanto día libre? Un día de estos nos levantamos con una propuesta para extender los fines de semana a cinco días, a excepción de semanas feriadas, cuando el Gobierno solo trabajará lunes. Eficiente ¿no?

Más que amigos....

“Probamos el oro en el fuego; distinguimos a nuestros amigos en la adversidad” Isócrates.

Tengo sobre 200 “friends” en Facebook. Pero éste espacio es para agradecerle a mis verdaderos amigos: los que puedo contar con las manos. Los que han pasado conmigo verdaderas pruebas de amistad. Los que están aquí en este momento difícil de mi vida, dándome apoyo y sacando de donde no tienen para ayudarme, cómo sólo lo hacen miembros de la familia. Los que si no fuera por ellos, ya me hubiera vuelto loca de desesperación. Ustedes saben quiénes son. No tengo palabras para agradecerles. Los amo.

Thursday, August 6, 2009

Mejor al derecho, que al revés....

Hola mi gente,

Ya he recibido de varias personas el email informando sobre como si pones tu número de pin en una ATM al revés (ejemplo: si es 1234, marcas 4321) al ser asaltado en la misma, la máquina te dará el dinero, pero también informara a la policía de lo sucedido. Lamento informarles, queridos amigos y conocidos, que esto no es cierto.... tal ATM no existe. Lo cual es un poco lógico, porque ¿qué tal si mi número es 4554? Obvio la máquina te dará el dinero, pero creanme que la policía no se va a aparecer por to' eso. Así que si -Dios no lo quiera- en alguna ocasión tienen la mala suerte de que algún desesperado por la situación económica de este país, en un arranque de locura, decide asaltar gente en la ATH del Banco Popular de San Patricio, y les toca a ustedes, mi consejo es que marquen el pin correcto y le den el dinero que sea, no vaya a ser que la máquina se coma la tarjeta y por estar haciendole caso a "FWD's" estupidos terminen en una situación peor.

Los quiero mucho!!!

Mi monstruo

Antes que nada, les quiero dar la bienvenida. Comencé un "blog" inspirada en una buena amiga, quien hizo el suyo para llevar nota de sus experiencias viviendo en Francia. Gran idea, ya que la palabra escrita le da permanencia a las cosas pasajeras. Entonces pensé: "¿Qué tal uno de mis andanzas, aunque casi todas sean en la patria?" Porque dejenme decirles, lectores, que esas andanzas -especialmente en éste tiempo- no están nada fácil. Quería un espacio donde compartir con otros esas experiencias insólitas que vivimos día a día; cosas comunes como el tapón de la mañana, y otras no tan comunes como ganarse la lotería. En fin, aquí encontraran de todo: cosas buenas y malas; cosas tristes, pero graciosas porque son ciertas; momentos felices, y no tantos; pero ahí vamos. Bienvenidos a un pedacito de mi mente.